Hoy en día, mi organización del correo es, como comentaba en mi entrada de Marzo de 2005, puro Síndrome de Diógenes: no borro prácticamente nada, almaceno todo en aparente desorden, pero cada vez que necesito algo de mis últimos cuatro años de correo, lo encuentro sin ningún problema esté en un ordenador o en un teléfono móvil. La tecnología, la buena tecnología, me ha permitido una gestión infinitamente más eficiente a cambio de una inversión en recursos personales muy inferior. Que viva Gmail y que viva Diógenes :-)